Yo lo pregunto
Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
(Texto del príncipe poeta Nezahualcoyotl 1402-1492, Tetzcuco México)





En nuestra cultura de paso rápido y de negación, se espera que los sobrevivientes sean valientes, supriman el miedo y tengan éxito en los asuntos de la vida, aunque los sentimientos de la pérdida hieran profundamente.
Las culturas tradicionales ayudan a las personas a sobrellevar la aflicción (hecho objetivo de la pérdida, cambio de estado del sobreviviente) y el dolor en forma estructurada a través de ritos de luto (comportamiento que asumen los dolientes y la comunidad después de una defunción) que son universalmente entendidos y tienen significados aceptados, no así en nuestra cultura en que las viejas costumbres caen en desuso y los afligidos pierden apoyos valiosos para superar su pena (respuesta emocional de la persona afligida que puede expresarse de distintas maneras, desde la ira hasta el sentimiento de desolación)

TANATOLOGÍA

“La muerte es sólo un paso más hacia la forma de vida en otra frecuencia
y el instante de la muerte es una experiencia única, bella, liberadora,
que se vive sin temor y sin angustia”.-
Elizabeth Kübler Ross.

La Tanatología ayuda tanto a los pacientes terminales como a los familiares y allegados desde que el familiar es diagnosticado, durante el proceso y posterior a la muerte para la elaboración del duelo.

Asi también la Tanatología se enfoca a cualquier pérdida significativa que tenga el ser humano, es por ello que la importancia de la Tanatología hoy en día es indiscutible, contemplando que a lo largo de nuestra vida enfrentamos diversos tipos de pérdidas, muertes, separaciones, pérdidas de miembros, pérdida de salud, de ilusiones ante una discapacidad, es por ello que su campo de acción es muy amplio.

DUELO

En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL:
Es un dolor biológico (duele el cuerpo),
psicológico (duele la personalidad),
social (duele la sociedad y su forma de ser),
familiar (nos duele el dolor de otros) y
espiritual (duele el alma).
En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro.
Toda la vida, en su conjunto, duele.
J. MONTOYA CARRAQUILLA
°
DUELO.
Reacción normal a la pérdida de un ser amado o una abstracción equivalente.
Experiencia de carácter universal, parte natural de la existencia. Incluye componentes físicos, sicológicos y sociales con intensidad y duración variables en proporción a la dimensión y significado de la pérdida y en principio no requiere uso de sicofármacos ni intervenciones sicológicas.
El cuidado de los que van a morir y de los muertos, que fue una vez un aspecto común de la vida familiar, ahora se ha convertido en una actividad de profesionales. La gente muere en los hospitales y las funerarias preparan sus cuerpos. Se habla poco de muerte.

La pérdida de un familiar no es sólo en el nivel de espacio-tiempo que ocupa un organismo, sino que también de los significados asignados a esta biología. Se pierde una red de relaciones que enlaza la trama familiar, que la sostiene y la mantiene siendo la misma.

DUELO EN EL SISTEMA FAMILIAR:
Bolwsby establece que el duelo transita por 2 estadios posibles: 1.- desorganización: irrupción de afectos (etapas de shock, negación y rabia) hace que se de paso a una renegociacion de sistemas relacionales.
2.- organización del sistema: comienza cuando la certeza de la pérdida hace posible nuevas realidades relacionales. Importante también es la red social que mantiene la familia. El médico puede formar parte de esta red. En nuestra cultura de paso rápido y de negación, se espera que los sobrevivientes sean valientes, supriman el miedo y tengan éxito en los asuntos de la vida, aunque los sentimientos de la pérdida hieran profundamente. Las culturas tradicionales ayudan a las personas a sobrellevar la aflicción (hecho objetivo de la pérdida, cambio de estado del sobreviviente) y el dolor en forma estructurada, a través de ritos de luto (comportamiento que asumen los dolientes y la comunidad después de una defunción) que son universalmente entendidos y tienen significados aceptados, no así en la nuestra en que las viejas costumbres caen en desuso y los afligidos pierden apoyos valiosos para superar su pena (respuesta emocional de la persona afligida que puede expresarse de distintas maneras, desde la ira hasta el sentimiento de desolación) Necesitamos ser capaces de aceptar la eventual cercanía de la muerte de aquellos a quienes amamos, como también darnos cuenta de que nuestro tiempo en esta tierra es limitado.

La familia buscará un lugar dentro de la mitología para alojar a sus muertos. Si esto no ocurre, entonces uno de los miembros o varios se harán cargo de corporizar el rol previamente asignado, como si la familia temiera a la desorganización, a la novedad y se mantuviera en una sola creencia relacional. Si el muerto sigue siendo un punto de referencia, entonces está vivo. El terror al cambio, que necesariamente pasa por una desorganización angustiante, mantiene sin salida el proceso. Es necesario el caos antes de hallar un nuevo orden. Anticiparle a la familia la resolución, hacerlos crear un espacio para el cambio en la imaginación, que haga en la fantasía loque luego será realidad, es una tarea de relación médico-paciente-familia.

COMO AYUDAR A ALGUIEN QUE HA PERDIDO UN SER QUERIDO

Evitar las frases hechas: "tienes que olvidar", "debes ser fuerte".
Si no sabes que decir, no digas nada. Lo que más necesitan al principio es hablar y llorar. Tener en cuenta las actitudes que no ayudan: no intentes buscar una justificación a lo ocurrido, no es el momento de ver las ventajas de una nueva vida. Dejar que se desahoge: no lo distraigas de su dolor, no temas tú mismo llorar o emocionarte. Permitir que hable del ser querido que ha muerto: recordar a la persona amada es un consuelo para los sobrevivientes. Mantener el contacto: principalmente en los momentos dolorosos, como aniversarios.

LOS NIÑOS Y EL DUELO
Sugerencias para acompañar a un niño que ha perdido un ser querido: Ser completamente honesto con el niño/a: ellos ven las reacciones de los adultos y los cambios de rutina de la casa. Aconsejable apartarlo transitoriamente ante muertes repentinas o inesperadas. En menores de tres años la muerte es algo provisional y reversible. Explicar con ejemplos de la naturaleza. Permitir que participe en los ritos funerarios: puede ayudarle a comprender qué es la muerte y a iniciar mejor el proceso de duelo. Explicar con anticipación lo que sucederá. No forzarlo nunca. Animarle a expresar lo que siente: más fácil si se expresan en la familia. Temores frecuentes son: si él causó la muerte, si le pasará eso a él y quién lo va a cuidar. Respetar su manera de afrontar la pérdida: frecuente son los cambios de carácter, alteraciones en el sueño, el apetito. Puede jugar a morirse. Mantenerse física y emocionalmente cerca del niño: no temamos expresar nuestras emociones frente a él, así también las expresará. También respetar sus momentos solos. Estar atentos a la aparición de signos de alerta: desinterés prolongado por actividades de la vida cotidiana, dificultades para conciliar el sueño, pérdida de apetito, miedo a quedarse solo, comportamiento infantil, expresiones repetidas del deseo de reencontrarse con el fallecido, alejamiento de amistades, fracaso escolar importante o negativa de ir a la escuela.

DUELO EN EL ADOLESCENTE
Se pide a menudo a los adolescentes ser fuertes: incluso a veces que sostengan el dolor de otros, lo que hace que renuncie a su propio duelo (duelo congelado). Se le pide que se comporte "como adulto". La adolescencia suele ser ya una etapa difícil: además de los cambios de su etapa, deben hacer frente a la pérdida de un ser querido. Es necesario apoyo afectivo. Puede faltarles ayuda: si no la encuentra en su familia, busca a sus amigos, que en temas de la muerte se sienten impotentes o pueden ignorarlo. Conflictos de relación: si fallece uno de sus padres, queda un sentimiento de culpa y de tarea "inacabada", en el sentido del proceso normal de independencia, lo que puede hacer del proceso de duelo algo más difícil. Signos que indican que un adolescente necesita más ayuda: síntomas de depresión, dificultades para dormir, baja autoestima, fracaso escolar e indiferencia hacia esas actividades, deterioro en relaciones familiares y de amistades, conductas de riesgo (drogas), negación del dolor.

MUERTE DE UN HIJO Y SU IMPACTO EN LA PAREJA
Los padres se sienten responsables de la protección de sus hijos y, su pérdida, suele ser vivida como un fracaso y con gran culpabilidad. Frecuente que se produzcan tensiones y conflictos. Dificultades para aceptar que la pareja viva la pérdida a su manera: un miembro de la pareja puede sentir que al otro no le importa la muerte lo suficiente, como a él/ella. Culpar a la pareja: reproches contínuos, irritabilidad hacia el otro. Falta de sincronicidad: distintos momentos de dolor o recaídas. Esto puede llevar a que se eviten el uno al otro en los momentos difíciles. Las relaciones sexuales: las necesidades de uno pueden aumentar y las del otro disminuír e incluso desaparecer. Sugerencia: confianza en expresarse mutuamente los sentimientos, procurar mantenerse unidos a la pareja. Los otros hermanos: pueden descuidarse. Ellos también sufren intensamente y tienen la necesidad de desahogarse. Hablar del fallecido y compartir, cada uno a su manera, el dolor de la pérdida puede ser la mejor manera de ayudarse unos a otros y afrontar sanamente la experiencia del duelo.


Elisabeth Kübler-Ross: Etapas del proceso de la muerte.
A Elisabeth Kübler-Ross, una psiquiatra que trabajaba con personas moribundas, se la conoce ampliamente por haber despertado el actual interés por la psicología de la muerte y la agonía. Ella ha descubierto que muchas personas acogen muy bien la oportunidad de hablar abiertamente de su condición y que están enteradas de la proximidad de su muerte aunque no se les haya dicho nada acerca del tema.
Después de hablar con 500 pacientes enfermos de gravedad, Kübler-Ross (1969) propuso que había cinco estados en la aceptación de la muerte:

(1) negativa (rehusarse a aceptar la realidad de lo que está ocurriendo;
(2) ira,
(3) pedir tiempo extra,
(4) depresión y
(5) aceptación final.

Kübler-Ross (1970) da ejemplos de historias para ilustrar cada etapa. Una progresión similar puede caracterizar los sentimientos de las personas a quienes les ha tocado enfrentar un luto inminente (Kübler-Ross, 1975).

ETAPAS DE AGONIA DE KÜBLER-ROSS

Negación
La mayoría de las personas responden con impacto cuando están próximas a morir. Lo primero que piensas es “oh, no, esto no me puede estar sucediendo a mí”. Cuando las personas que rodean al paciente también niegan la realidad, éste no tiene con quién hablar y, como resultado, se siente solo y aislado. Cuando existe alguna esperanza y se le asegura que él no estará solo no importa lo que ocurra, las personas pueden reducir el impacto y la negación inicial más bien rápidamente.
EJEMPLO:La señora K. De 28 años de edad, madre de dos niños, fue hospitalizada por una enfermedad mortal del hígado. Después de visitar al consejero espiritual, le dijo al capellán: “Fue maravilloso”. Yo he sido curada. Les voy a demostrar a los médicos que Dios me curará. Yo me siento verdaderamente curada” (1970). A la larga, ella demostró que no estaba negando su enfermedad cuando, sosteniendo la mano del médico, decía: “usted tiene unas manos tan cálidas; espero que esté conmigo cuando me empiece a poner más y más fría”. 1970.

Ira
Después de darse cuenta de que están muriendo, las personas se ponen iracundas. Preguntan: “¿Por qué yo?”. Se vuelven envidiosas con los que están a su alrededor que son jóvenes y sanos. Sienten ira no hacia las personas sino hacia la juventud y la salud que no tienen. Necesitan expresar su rabia para liberarse de ella.
EJEMPLO: El señor O. Hombre de negocios exitoso que había sido una persona dominante controladora toda la vida, se tomaba iracundo a medida que la enfermedad de Hodgkin tomó el control de su vida. Su ira desapareció un poco después de que su esposa y las enfermeras del hospital decidieron devolverle un poco de control sobre su vida, consultándole a qué hora y cuánto tiempo quería que duraran las visitas de sus familiares y la hora en la cual se deberían realizar los procedimientos del hospital.

Negociación
El próximo paso puede ser: “Si, me está ocurriendo a mí, pero. El pero es una tentativa de negociar el tiempo. Las personas pueden rezarle a Dios: “Si tú sólo me permitieras vivir para ver a mi hija graduada... o a mi hijo casado... o nacer a mi nieto... seré una persona mejor... o yo no pediría más... o yo aceptaré mi suerte en la vida”. Estos pactos representan el conocimiento de que el tiempo es limitado y la vida es finita. Cuando las personas dejan escapar el pero, son capaces de decir “si, yo”.
EJEMPLO: Una mujer sufría un gran dolor, estaba muy triste porque pensaba que no era capaz de asistir a la boda de su hijo mayor favorito. Con la ayuda de una autohipnosis, controló su dolor y, durante el período anterior a la boda, prometió no pedir nada más si podía vivir lo suficiente para estar allí. Asistió a la boda, como la radiante madre del novio ycuando volvió al hospital, a pesar de su fatiga, le dijo al médico: “¡Ahora no olvide que tengo otro hijo!” (1970).

Depresión
En esta etapa, las personas necesitan llorar, afligirse por la pérdida de su propia vida. Al expresar la profundidad de su angustia, pueden sobrellevar la depresión más rápidamente que si se sintieran presionadas a esconder su dolor.
EJEMPLO:El señor H., quien ha disfrutado en el coro enseñando los domingos en a escuela yrealizando otras actividades en la comunidad y la iglesia no era capaz de realizar estas actividades a causa de su enfermedad. Dijo: “La única cosa que hace que mi vida no tenga valor es el hecho de mirarme a mi mismo... incapaz de hacer estas cosas” (1970). Otros elementos de su depresión fueron los sentimientos de que su esposa no agradecía que se involucrara en estas actividades no pagas, pero que él consideraba valiosas. Y él nunca había terminado el luto de sus padres y de su hija que habían muerto. Después de describir sus sentimientos al médico y al capellán, y que su esposa le dijo que realmente lo apreciaba, su depresión se desvaneció.

Aceptación
Finalmente, las personas pueden reconocer: “Mi tiempo está muy cercano ahora, y está bien”. No es necesariamente una época feliz, pero la gente que ha trabajado a través de su ansiedad y su cólera con la muerte y ha resuelto sus asuntos incompletos, fallecen con un sentimiento de paz consigo mismos y con el mundo.
EJEMPLO: La señora W., de 58 años de edad, estaba enfrentando el dolor de un cáncer abdominal con valor y dignidad, hasta que su esposo les rogó a los cirujanos que le realizaran una operación que pudiera prolongar su vida. Ella cambió radicalmente, se convirtió en una persona ansiosa e inquieta, pedía siempre un calmante para el dolor, gritaba en la sala de operaciones, para que la cirugía no se realizara. Después de hablar los dos esposos separadamente con el médico, todo se aclaró. La señora W estaba lista para morir, pero sentía que no debía hacerlo hasta que su esposo no fuera capaz de aceptar su enfermedad y dejarle partir. Cuando finalmente el esposo vio que su necesidad por mantenerla viva era contraria a la de separarse del mundo (incluyendo a su esposo) ymorir, ambas partes fueron capaces de compartir sus sentimientos y aceptar la muerte.


EL SENDERO HACIA EL MORIR
No todas las personas en proceso de morir, avanzan hacia el final de la vida de la misma manera o en la misma proporción. Diferentes causas de muerte se asocian con diferentes patrones de morir. Estos patrones llamados “trayectorias del morir”, indican el camino que transita la experiencia individual al confrontar la muerte. Las actitudes y comportamientos de las personas encargadas del cuidado del paciente están fuertemente influidas por la percepción que tener el paciente de sí mismo al enfrentar la llamada trayectoria del morir. Estas trayectorias también afectan el tipo de respuesta emocional y la manera en que tanto el paciente como su familia responden ante las demandas, así como las intervenciones que serán iniciadas. Por esta razones muy importante el comprender la trayectoria que se sigue al confrontar la muerte para anticipar e implementar las intervenciones apropiadas. El proceso de morir puede ser descrito por su duración y forma. La duración comprende desde el inicio del proceso de morir hasta el desenlace de la muerte. La forma tiene que ver con el curso que toma el proceso de morir (por ejemplo si se puede predecir como avanzará el proceso, o si se espera o no que el paciente muera). Los siguientes ejemplos de trayectorias han sido descritos:

1. La “declinación gradual” caracterizada por un descenso largo y lento, que a veces se extiende por muchos años;

2. El “descenso oblicuo” caracterizado por un descenso rápido hacia la muerte (accidente automovilístico) donde la fase crónica es corta o no existe;

3. La trayectoria de “valles y las montañas” como en los pacientes de SIDA y leucemia que tienen remisiones y recaídas;

4. “Meseta descendiente” indicadas por un descenso largo y lento con estabilización (personas con múltiple esclerosis cuyo estado de salud desciende para luego estabilizarse en un nivel más bajo y limitado). Los pacientes en esta trayectoria deben reajustarse a un nivel nuevo de funcionamiento.
Con frecuencia las muertas asociadas al cáncer tienen procesos largos, muchas veces con dolores y sufrimientos a largo plazo y/o pérdida de control sobre las funciones mentales y corporales. Este tipo de muerte prolongada se caracteriza por la demanda física y mental a la que están expuestas las personas que proveen los cuidados, por largos períodos de tiempo. Las trayectorias inciertas son las más difíciles de confrontar debido a que la ambigüedad de la misma genera ansiedad.

PENA ANTICIPADA
La pena anticipada es tema que genera cierta preocupación y controversia. Ha habido muchos estudios sobre este tema y se ha escrito mucho para tratar de substanciar su relevancia y significado. Este término es usado cuando se discute acerca de la familia de la persona que va a morir, aún cuando el paciente en si puede experimentar también la pena anticipada. Pena anticipada se refiere a el proceso de duelo normal que ocurre en anticipación a la muerte e incluye muchos de los síntomas de pena después de la pérdida. Los siguientes aspectos de pena anticipada han sido identificados:

1. Depresión.
2. Alta preocupación por la persona que va a morir.
3. Ensayo de la muerte, y
4. Tratar de ajustarse a las consecuencias de la muerte.

Esta pena anticipada provee a los familiares y seres queridos de tiempo para absorber gradualmente la realidad de la pérdida. Los individuos pueden finalizar “asuntos pendientes” por ejemplo el paciente puede (decir “adiós”, “te amo” o “te perdono”). No se puede asumir que esta pena anticipada va a presentarse meramente porque se ha dado aviso de la presencia de una enfermedad mortal. O porque ha pasado ya mucho tiempo desde que se desarrolló la enfermedad hasta la muerte en sí. Es un gran error creer que esta pena anticipada es meramente convencional (pos-muerte) de hecho la pena empieza más temprano. Otro error es el de que hay un volumen de pena fijo que se debe experimentar para disminuir la pena después de la pérdida. Algunos estudios, proveen datos clínicos que documentan que la pena seguida de duelo sin anticipación es diferente a la pena anticipada. Una pérdida no anticipada es tremendamente abrumadora para la capacidad de adaptación del cliente, limitándole muchas veces su capacidad de recuperación. Por tanto las personas en duelo no pueden entender todas las implicaciones de la pérdida. A pesar de que intelectualmente se puede aceptar la muerte, existen serias dificultades en su aceptación sicológica y emocional lo cual la hace aparecer como inexplicable. El mundo parece no estar en orden y como la pérdida en sí, parece no tener sentido. Algunos investigadores dicen que la pena anticipada casi nunca ocurre. Y basan su opinión en el hecho de que los períodos de aceptación y recuperación usualmente observados al comienzo del proceso de penar no son usualmente encontrados antes de la muerte del paciente, no importa que tan temprano se haya avisado. Además, pena quiere decir que ha habido una pérdida. Aceptar la muerte de una persona querida antes de que se muera deja al doliente vulnerable para que se acuse así mismo de haber abandonado el paciente antes del final. Finalmente la anticipación de la pérdida frecuentemente intensifica el apego hacia la persona u objeto. A pesar de que la pena anticipada puede ser terapéutica para los familiares y seres queridos, existe la preocupación de que el paciente experimente “demasiado dolor” creándose un aislamiento y desapego. Investigaciones indican que las viudas usualmente se mantienen envueltas en el proceso con sus esposos hasta el día de la muerte. Esto sugiere que puede ser disfuncional el que las viudas empiecen a penar en anticipación a la muerte de sus esposos. Las viudas solo podría comenzar el duelo una vez desaparecido el esposo.
DUELO PATOLÓGICO

Cuando voluntaria o involuntariamente se interrumpe el proceso de duelo normal, la herida nunca llega a cicatrizar.
El duelo patológico generalmente se debe a una de estas cuatro cosas:
· El proceso de duelo nunca empieza
· Se detiene morbosamente en alguna de las etapas
· Progresa hasta alguna de ellas y rebota infinitamente hacia alguna anterior
· Se atasca intentando evitar una etapa.
Lo que determina diferentes tipos de duelos enfermizos. Algunos de ellos son:

El duelo ausente: Si el que debe vivir el proceso se defiende tanto o sufre un shock tan grande que no puede salir de la primera etapa.

El duelo conflictivo: Cuando el proceso está sirviendo para otra cosa, por ejemplo para no responsabilizarse de la vida que le queda por vivir.

El duelo retrasado: Casi siempre ligado a un conflicto interno emocional. Por ejemplo cuando los sentimientos que tiene frente a esa muerte son tan ambivalentes que no sabe si alegrarse o entristecerse.

El duelo crónico: Cuando el proceso se recicla infinitamente sin terminar nunca.

Es necesario dejar establecido que lo enfermizo no aparece POR el duelo sino CON el duelo y es siempre la expresión de un problema previo, es decir, hay algo que está complicado desde antes y que sale a la luz con el proceso de duelo.

CUERPO Y ALMA, VIDA Y MUERTE










Bert Hellinger




El tema de mi ponencia es "Cuerpo y Alma, Vida y Muerte", y les hablaré de la interacción entre cuerpo y alma, y de la vida con la muerte y con los muertos, teniendo en cuenta que las causas de muchas enfermedades se hallan, al menos parcialmente, en el ámbito del alma o de la historia familiar. Por tanto, su curación depende de determinados procesos en el alma; es decir, junto con el tratamiento médico, también hay que reconocer y poner en orden algo en el alma. En este contexto, también cuento entre las enfermedades los accidentes graves y el suicidio, dado que aquí no sólo se trata de salud y enfermedad, sino de vida y muerte.






El cuerpo




Pensando en la interacción entre cuerpo y alma, a veces aún nos encontramos atados por la idea de que el cuerpo es material y el alma se añade como fuerza vivificante y gobernante. Esta idea se basa en la experiencia de que los moribundos dan un último respiro, pareciendo que con él también expiren su alma. Y del final de la vida, esta imagen se transfiere también al principio de la misma, similar al relato bíblico de la Creación, según el cual Dios formó el hombre del polvo de la tierra, soplando en su nariz el hálito de la vida.




Pero según nuestro saber, el hombre vivo nace porque las células germinales, ya animadas, de sus padres se unen en él para formar un nuevo ser humano. Nuestro cuerpo, por tanto, desde un principio se encuentra animado, convertido en un eslabón en una larga cadena que une a todos antes y después de nosotros, y a todos los que inmediatamente nos rodean, como si entre todos tuviéramos parte en una vida y en un alma comunes. El alma, por tanto, va más allá de nosotros, abarcando también nuestro entorno: nuestra familia, los demás grupos mayores, el mundo en su totalidad. A pesar de este hecho, en un principio experimentamos el alma referida a nuestro cuerpo. Ella dirige su principio, su crecimiento, la transmisión de la vida por él, y, al cabo de un tiempo, también su muerte.






El yo




Sin embargo, también nos experimentamos como mirando desde fuera al cuerpo y al alma que lo anima, como si en nuestro interior tuviéramos un centro que hablara con el cuerpo y su alma, asintiendo a sus movimientos o resistiéndose a ellos, intentando elevarse por encima de ellos, o sometiéndose de buena voluntad o con impotencia. En este centro, pues, nos experimentamos tanto libres como atados frente al cuerpo y al alma. Solemos definir este centro como el yo.


Sin embargo, tan sólo disponemos de esta experiencia del yo porque el cuerpo y el alma que anima a éste tienen su propia conciencia y su propia voluntad, que tanto asienten como se resisten al querer del yo. Esta interacción favorece o amenaza al cuerpo, y la observación y la experiencia nos permiten saber cuándo le sirve y cuándo lo perjudica.






Yo y cuerpo




Por regla general, asociamos con el yo el estado consciente, la razón, la libre voluntad, control y rendimiento. Sin embargo, no todo lo que el yo pretende es razonable y libre, porque el yo es también impulsivo y, muchas veces, ciego. Este sería el caso de los temerarios, los imprudentes o los ascetas, que enfrentan a su cuerpo con exigencias que ponen en peligro su salud.


El cuerpo se resiste, por ejemplo, cayendo enfermo, perdiendo fuerzas, hiriéndose o doliendo. De esta manera hace reaccionar y entrar en razón al yo.




Así, el cuerpo y el alma que lo gobierna se muestran más conocedores y sabios que el yo.


A través de ellos, el yo encuentra sus límites y, asimismo, se convierte en conocedor y sabio respetando estos límites.




En la Biblia se encuentra una historia que puede servirnos de parábola:




Cuando el profeta Balaam, en contra de la orden de Yahveh, quiso ir a los moabitas para bendecirlos en vez de maldecirlos, su burra lo apartó del camino porque vio al Ángel de Dios delante de sí, cerrándole el paso con la espada desenvainada. Pero Balaam la pegó hasta que volvió al camino.


Después, pasaron por una cañada, y de nuevo la burra vio al Ángel de Dios con la espada desenvainada. Así, se arrimó contra la pared, hiriendo a Balaam; y de nuevo la pegó hasta que volvió al camino.


Más adelante, la burra nuevamente vio al Ángel de Dios con la espada y se echó en el suelo con Balaam encima, negándose a seguir. Balaam se enfureció de tal manera que hubiera querido matarla. Pero en ese momento, la burra giró la cabeza y le dijo: "¿No soy yo tu burra, y me has montado desde siempre hasta el día de hoy? ¿Acaso dejé de servirte alguna vez?" Entonces también Balaam miró hacia delante y vio al Ángel de Dios con la espada desenvainada, cerrándole el paso.




Es decir, existe una parte ciega del yo que le exige al cuerpo algo negativo que le perjudica.




El cambio hacia una mejora para el cuerpo y el alma, por tanto, se inicia con la comprensión por parte del yo. Esta comprensión es, sobre todo, un percatarse de los límites del cuerpo, de los límites de nuestra salud y de los límites de nuestra vida. Esta comprensión resulta fructífera cuando el yo también asiente a ella, lo cual es humildad. La comprensión nos hace conocedores, pero sólo la humildad nos hace también sabios.




Frecuentemente, el yo tan sólo alcanza esta sabiduría a través de la enfermedad y del sufrimiento. La enfermedad y el sufrimiento purifican al yo y repercuten de manera curativa en el cuerpo, una vez llegado al conocimiento el yo. Así, muchas veces una enfermedad primero tiene que concluir su influencia purificadora y aleccionadora sobre el yo antes de poder cesar y desaparecer.


Por otra parte, también el yo influye de manera beneficiosa sobre el cuerpo, sobre todo el yo esclarecido. Esclarecido significa aquí que sea consciente tanto de sus posibilidades como de sus límites, y que, más allá de sus deseos y de sus miedos impulsivos, se atenga a la mera verdad perceptible. Purificado significa que esté en sintonía y en armonía con el alma, inconsciente para él en gran parte, pero, a pesar de todo, conocedora a un nivel mucho más profundo que el yo.




A este yo esclarecido le debemos la Medicina científica, el conocimiento de las patologías, la Higiene, la Cirugía y la Farmacología. Pero también pienso en la Sicología y la Psicoterapia con sus conocimientos del trasfondo inconsciente de comportamientos enfermizos y con sus métodos para actuar sobre tales comportamientos, por ejemplo, a través del análisis, de la terapia de la conducta, de hipnoterapia, de programación neurolinguística, para sólo citar unos cuantos.




De esta manera, el yo esclarecido disciplina tanto al cuerpo como al alma, desarrollando las capacidades de éstos más allá de la mera salud física. Aún así, también la Medicina y la Psicoterapia, y con ellas también el yo que intenta oponerse al carácter efímero de la vida, topan con límites que los detienen. Ya que, al cabo de un cierto tiempo, toda persona enferma, se debilita y se muere. El alma asiente a este movimiento hacia la muerte, porque alcanza a ambos ámbitos y, así parece, perdura en ambos. Ella anhela volver y está en armonía con este movimiento. Freud llamaba este anhelo el impulso de muerte. No obstante, se trata de un movimiento sumamente consciente y alerta, porque en lo hondo, el alma, y con ella el cuerpo, anhela volver al origen del que nace y al que vuelve la vida.






Familia y alma




Pero el alma no sólo actúa en el cuerpo, ni está presa en él como algunos dicen. Se encuentra en interacción con su entorno, ya que, de lo contrario, no habría ni metabolismo, ni procreación. Este entorno comprende, sobre todo, la familia y la red familiar en la que recibimos y en la que transmitimos la vida, si podemos. Obviamente, la familia y la red familiar tienen un alma y una conciencia comunes que vinculan y dirigen a los miembros de la familia de acuerdo con un orden mayormente inconsciente, de manera similar que el alma también vincula y gobierna los miembros y órganos del cuerpo. Es decir, el alma actúa en la familia y en la red familiar como si de un cuerpo extenso se tratara. Y de la misma manera que podemos, paso a paso y a través de la observación y de la experiencia, comprender e influir sobre los órdenes que determinan la interacción entre los diversos órganos del cuerpo, así también podemos, paso a paso y a través de la observación y de la experiencia, aclarar los órdenes que determinan la interacción entre los diferentes miembros de una familia.


En un primer lugar nos llama la atención que, al igual que el cuerpo, también la familia y la red familiar tienen unos límites exteriores. Es decir, el alma familiar únicamente vincula de esta manera especial a determinados miembros de la familia, dirigiéndolos a través de una conciencia común.


Así, pertenecen a esta familia y a la red familiar:






  • los hermanos,




  • los padres y sus hermanos,




  • los abuelos,




  • a veces, alguno de los bisabuelos, e incluso antepasados más lejanos si tuvieron una suerte especial. Otros familiares, como por ejemplo primos, ya no cuentan entre ellos.




  • Aparte de estos parientes consanguíneos, también pertenecen a la familia y a la red familiar aquellas personas extrañas a la misma, por cuya desaparición o muerte otros en la familia y en la red familiar tuvieron una ventaja. Entre éstos cuentan sobre todo parejas anteriores de los padres y abuelos.






Sin embargo, aún existen otras similitudes entre el actuar del alma en el cuerpo y el actuar del alma en la familia y en la red familiar.



De la misma manera que el alma vela por la integridad del cuerpo, también vela por la integridad de la familia y de la red familiar. Así, procura, por ejemplo, compensar la pérdida de un miembro a través de otro miembro que representa a aquél. Este es uno de los motivos por los que determinados miembros de una familia se ven implicados en el destino de otros miembros, especialmente, anteriores. Y de la misma manera que, en caso extremo, el cuerpo tiene que renunciar a uno de sus órganos que pone en peligro la salud de los demás, así también la familia, a veces, debe separarse de uno de sus miembros si su permanencia pone en peligro a otros en la familia.





Familia y enfermedad



A continuación, presentaré algunos ejemplos para ilustrar el desarrollo de implicaciones familiares enfermizas y amenazantes para la vida, y para señalar las posibilidades de evitarlas o de librarnos de ellas.



Cuando la familia pierde a uno de sus miembros, por ejemplo muriendo el padre o la madre tempranamente, frecuentemente uno de los hijos le dice interiormente: "Te sigo."



Frecuentemente, un hijo en esta situación quiere morir también, sea por enfermedad, por accidente o por suicidio. Aunque el hijo no lleve a la práctica esta frase pronunciada interiormente, muchas veces siente una especial afinidad con la muerte, y el anhelo de morir.



O cuando un hijo pierde a un hermano, por ejemplo un niño nacido muerto o fallecido en temprana edad, también le dice: "Te sigo."



Cuando un famoso corredor motonáutico durante una carrera volcó con su lancha y murió, también su hija comenzó a participar en carreras motonáuticas. También ella tuvo un accidente grave durante una carrera, pero sobrevivió. Cuando, más tarde, la preguntaron qué había pensado en ese momento, respondió: Sólo una cosa: ‘¡Papá, ya voy!’



Detrás de la frase de "te sigo" se halla el amor profundo con el que el alma vincula al niño con su familia, actuando durante toda la vida de una persona. Este amor es más fuerte que la muerte y es ciego. Cree que a través de la muerte podría superarse la separación y que, por el propio sufrimiento y la propia muerte, otros en la familia podrían ser redimidos.



Una constelación familiar nos brinda la oportunidad de sacar a la luz la inutilidad y la ceguera de este amor.



A través de los comentarios y sentimientos expresados por los representantes, el hijo se da cuenta de que los muertos aman a los vivos con el mismo amor que los vivos sienten para a ellos; que el deseo de los vivos de seguirles les duele en vez de alegrarles; que no quieren que su muerte también traiga la muerte a otros; que se sienten aliviados cuando los vivos se encuentran bien, y que bendicen a los vivos para que aún se queden.



Detrás de la frase de "te sigo", aún se halla otra dinámica más: la necesidad elemental de compensación y expiación. Frecuentemente, los vivos se sienten culpables cuando ellos viven, mientras otros miembros de la familia ya están muertos, y se sienten aliviados muriendo ellos mismos.



En un caso así, les ayuda el inclinarse ante los muertos y decirles: "Yo aún vivo un poco, después también moriré." Así, ya no experimentan la vida como una arrogación, y pueden tomarla mientras dure.



Otra frase beneficiosa para los vivos es ésta: "En tu memoria, aún me quedo un poco."



O, en el caso de un hijo que pretende seguirles a sus padres muertos, le ayuda la siguiente frase:



"Honro y valoro lo que me disteis. Le saco provecho en vuestra memoria y lo mantengo mientras me esté permitido."



Así, la necesidad impulsiva de vinculación y compensación se cumple de una manera más extensa. Este sería un logro superior y espiritual del yo, que pide un cierto desarrollo, también podría hablarse de un paso evolutivo, abandonando lo estrecho para dirigirse a lo más amplio, superando los límites del alma del grupo para llegar a las dimensiones de la Gran Alma.





Vivos y muertos



Cuando una persona se siente irresistiblemente atraída por los muertos, se puede hacer un ejercicio muy simple con él. Se le pide que cierre los ojos, que lentamente se centre en su interior, y que, después, vaya más allá de ese centro, volviendo lejos, a los muertos que le atraen.



Una vez llegado allí, se echa a su lado, esperando que algo le llegue de ellos, sea lo que sea. Él lo recibe en su interior hasta sentirse colmado. Después, nuevamente se pone en camino para volver de los muertos a los vivos, hasta llegar a su centro, y aún más hacia arriba y abre sus ojos.



Muchos vivos quieren ir con los muertos. Pero cuando los vivos respetan a los muertos, éstos vienen a ellos y se muestran afables. Vienen y, a alguna distancia, están presentes con afabilidad.



Algunos piensan que los muertos son desdichados. Pero también podríamos decir: "Han llegado y están en paz." Sólo los vivos aún sufren vicisitudes; los muertos están en paz.



Una imagen muy difundida es que los muertos han desaparecido: están enterrados y, por tanto, han desaparecido. Después, aún se les pone una lápida para que no vuelvan a salir.



Este era el significado original de la lápida, ya que, anteriormente, ésta se colocaba echada. Pero que los muertos hayan desaparecido es una imagen extraña. Martín Heidegger tiene otras imágenes a este respecto.



El dice: De lo oculto surge algo a lo no oculto, y después, vuelve a descender a lo oculto. Lo oculto está presente a la manera de lo oculto. Pero no ha desaparecido: surge y vuelve a descender. También la verdad obedece a esta ley: surge de lo oculto, y vuelve a descender. Por eso, tampoco podemos asirla. Algunos piensan que la verdad es válida y eterna, como si la tuviéramos en nuestras manos. Pero no: tan sólo se muestra brevemente para volver a descender. Por eso, siempre que surge, aparece de manera diferente. Es un reflejo de lo oculto que sale a la luz.



Así, también la vida surge de lo oculto, que no conocemos, a lo no oculto, y vuelve a descender. Lo realmente grande es lo oculto. Aquello que está a la luz no es más que algo transitorio y pequeño en comparación con lo grande.



También los muertos están en lo oculto; pero su influencia alcanza hasta lo no oculto.



Cuando se les permite actuar, la vida es sostenida por ellos. Pero quien desciende a lo oculto antes de tiempo, peca contra este movimiento.



Asimismo, quien permanece en la vida más allá de su tiempo, quien se agarra a la vida más allá de su tiempo, falta contra la corriente que sale a la luz y vuelve a descender a lo oculto.



Ambas actitudes se oponen a la corriente: el abandonar la vida demasiado rápido, antes de tiempo, sería como un desprecio de aquello que está a la luz, y también el sujetar la vida aunque el tiempo haya terminado. Una vez terminado el tiempo, corresponde soltarse y descender.



Como terapeuta me sirvo de la ayuda de los muertos para mantener con vida a los vivos, mientras corresponda y hasta donde tenga el derecho de hacerlo. Pero cuando se muestra que el tiempo se ha consumido, no sujeto a nadie. Espero atentamente, pero sin intervenir. No me opongo a los destinos ni a la corriente, como si pudiera o debiera evitar el descenso, sino que estoy en armonía con ellos.



En estos procesos tan profundos, tratándose de vida o muerte, podemos ver como, a veces, se vislumbra una solución y que el paciente la acepta durante un tiempo, pero después vuelve a descender. También aquí asiento. Porque no sabemos si la suerte que el individuo elige, o a la que se rinde, en el fondo no será lo más apropiado para él; si no tendrá una grandeza oculta que los ajenos no llegamos a captar.Esta actitud tiene algo tranquilizante, algo profundo.



Nos permite movernos tanto en un ámbito como en el otro, estando unidos, también en la vida, con el fundamento último.





La expiación



A veces, sin embargo, una persona viva debe ir con los muertos y permanecer a su lado, por ejemplo, un asesino. De lo contrario, en su lugar irán sus hijos, y aún sus nietos y bisnietos. Los asesinos quedan vinculados de manera indisoluble con sus víctimas. Por tanto, deben abandonar a sus familias y ponerse al lado de sus víctimas. Este paso parece duro, pero cualquier otro camino trae consecuencias nefastas para personas inocentes, a través de muchas generaciones.



Aportaré un ejemplo. Una mujer joven comentó en un grupo que, desde que nacieron sus dos hijas, tenía la sensación segura de que debía morir pronto, y que había algo pendiendo sobre ella que no lograba captar. Configuró su familia de origen, y salió a la luz que su representante miraba a alguien que no estaba presente. Al comentar este hecho, la mujer dijo: Estoy mirando hacia el pasado, a mi padre y a mi abuelo. Su padre se había suicidado cuando ella tenía un año, y el abuelo había sido miembro de la SS y había fusilado a mujeres y niños judíos.



A continuación, se introdujo un representante del asesino y otro del hijo, y para los niños judíos asesinados se pusieron diez representantes enfrente de la familia. La representante de la cliente ni siquiera miró a esos niños, ni dijo nada al respecto, como si, al igual que su abuelo, no sintiera ninguna compasión con ellos. Su hija menor, sin embargo, es decir, la bisnieta del asesino, dijo que sentía la necesidad imperiosa de acercarse a los niños judíos muertos y de ponerse a su lado.



Estos son los efectos de un asesinato, a través de generaciones, cuando un asesino rechaza el vínculo que lo une con los muertos y cuando éstos no son valorados ni respetados.



Como siguiente paso se le pidió a la mujer que se estirara en el suelo delante de los niños muertos, y que, después de un tiempo en el que lloró mucho, junto con sus hijas se arrodillara delante de ellos y los mirara. Así, los muertos encontraron un poco de paz. Se entristecían y se sentían como si volvieran a vivir. Se compadecían de la mujer y de sus hijas, especialmente de la más joven, que quería ponerse a su lado. Pero aún no se había encontrado la paz definitiva, pues del asesino mismo percibían una amenaza, sintiendo una angustia mortal. Sólo cuando a éste se le dijo que saliera de la sala, gesto que simboliza la muerte, los niños muertos empezaron a encontrarse mejor.



Toda su atención y compasión se centraba ahora en la mujer afligida y en sus hijas, y esperaban que de ella saliera algo que pudiera librar a sus hijas.



Mientras tanto, el padre de la mujer, que se había suicidado, quiso ponerse delante de su hija y de sus nietas para protegerlas y evitar que les siguieran a los niños judíos a la muerte. Su deseo era ponerse al lado de los muertos en lugar de ellas y en lugar de su padre. Pero, en contra de lo que piensan los vivos, los muertos no querían la muerte de los inocentes.



Después, se les pidió a las hijas que se pusieran entre sus padres. Éstos las cogieron de las manos, se inclinaron profundamente ante los niños judíos muertos, les miraron a los ojos y les dijeron: "¡Por favor!"Pero la mujer aún sentía el impulso de ir con los muertos. Así, se puso al lado de ellos y de su padre muerto, que ya antes se había puesto con ellos. La mujer sentía que se lo merecía, y estaba aliviada. Los comentarios de los representantes de los niños judíos muertos, sin embargo, expresaban algo totalmente diferente; los citaré literalmente:



El primer niño dijo: Experimento el estar muerto como algo impersonal, como si no tuviera nada que ver con el asesino, y menos aún con su nieta. Para mí no corresponde que ella se ponga a nuestro lado. Debería ir con su familia. Yo no tengo ningún interés en que ella pague alguna culpa. Este es un ámbito que no le corresponde.



El segundo niño dijo: Cuando vino, me empezaron a flaquear las piernas. En seguida pensé que no pertenecía a nuestro grupo.



El tercer niño dijo: Simplemente es demasiado.



El cuarto niño dijo: No quiero este sacrificio; no le corresponde.



El quinto niño dijo: Para mí tiene una tarea que cumplir con sus hijas, para poner fin a todo este dolor.



El sexto niño mostraba mucha tristeza y dijo: No tiene por qué seguirnos ni a nosotros, ni a su padre. Su lugar está con su familia.



El séptimo niño dijo: Si realmente me mirara, sabría que no puede estar aquí.



El octavo niño dijo: Empecé a sentir más calor, y ella significa algo muy cercano para mí.



El noveno niño dijo: Cuando vino aquí, pensé: ‘No perteneces aquí.’



El décimo niño dijo: Cuando se pasó a este lado, surgieron agresiones.



Y el padre muerto dijo: A mí me dolió cuando vino, y tendría ganas de decirle: "Tu lugar está con tu familia. De esto me ocupo yo solo."



A través de estas respuestas, la mujer se dio cuenta de que era una arrogación ponerse al lado de los muertos cuando no se pertenecía a su grupo. Volvió al lado de sus hijas, miró abiertamente a los niños judíos muertos y dijo: "Al cabo de un tiempo, vendré también." Después, miró a sus hijas diciéndoles: "Ahora aún me quedo un poco." Lo mismo dijo también a su marido.



Después, se volvió a llamar al representante del abuelo. Este comentó: Me sentí muy aliviado cuando se me dijo que saliera de la puerta. Aquí no hubiera debido ni querido decir nada; y lo mismo sentía mientras estaba fuera. Hasta aquí este ejemplo.



En este contexto también quisiera decir algo en relación a los descendientes de las víctimas. Muchos conciudadanos judíos, cuyos familiares fueron asesinados en los campos de exterminio, temen mirar a sus muertos y darles la honra, pensando que no tienen el derecho de seguir con vida teniendo en cuenta la suerte de aquellos. Se sienten culpables, deseando expiar como si ellos fueran los perpetradores. En consecuencia, ni ellos pueden acercarse a los muertos, ni los muertos pueden acercarse a ellos. Ahora bien, si los supervivientes y descendientes encaran a sus familiares muertos, mirándoles a los ojos hasta que realmente los vean, inclinándose ante ellos y dándoles la honra llenos de amor, entonces parece como si los muertos resucitaran, como si el terrible estado de muerte terminara, y como si, por fin, pudieran dirigirse a los vivos y bendecirlos para que se queden y para que su vida siga fluyendo a través de ellos. Lo más consolador para los muertos, por tanto, es que en una de estas constelaciones familiares los vivos les digan: "Mira, tengo hijos."





Morir en lugar de otros



Aún existe otra dinámica desencadenante de enfermedades graves, accidentes o suicidio en el seno de la familia o de la red familiar. Cuando un hijo percibe que el padre o la madre quieren marcharse o morir, frecuentemente por querer seguir a alguien en su familia de origen, interiormente les dice: "Mejor que sea yo que tú. Prefiero desaparecer yo antes que tú." En consecuencia, quizás contraen alguna enfermedad, por ejemplo anorexia, o tienen accidentes graves o se suicidan. Esta dinámica también existe entre cónyuges.



A este respecto contaré un ejemplo:



Una mujer enferma de cáncer contó que, hacía veinte años, su marido se había matado de un tiro. Ella había sido su segunda mujer; de la primera se había separado porque ambos pensaban que el otro era la persona equivocada, así lo comentaba la cliente.



En la constelación, el marido se encontraba enfrente de su primera mujer, mirando continuamente los pies de ella. Ella, en cambio, notaba sus pies curiosamente ligeros, como si pudiera despegar. Así, pues, se le pidió al marido de arrodillarse ante su primera mujer y de postrar la cabeza ante sus pies. En ese momento, la mujer se cubrió la cara con las manos, sollozando y temblando violentamente. Se arrodilló junto a él, lo cogió del hombro, le miró a los ojos y lo abrazó sollozando llena de dolor. Después, se levantó cogiendo al marido y levantándolo también a él; el uno al lado del otro, se cogieron de la cintura y la mujer puso su cabeza en el pecho del marido. Se le pidió a la mujer que le dijera al marido: "Lo tomo de ti como un regalo. Lo respeto y lo valoro." Después, ambos se abrazaron largamente y llenos de cariño. Todos los presentes sabían: el marido se había suicidado en lugar de su mujer.



Estos son los misterios del amor que a veces negamos con tanta facilidad.



Es precisamente este amor el que actúa detrás de muchas enfermedades, cuyas causas radican en el ámbito psíquico o en la historia familiar, bien expresándose a través de la frase: "te sigo", bien a través de la necesidad de expiar, especialmente de expiar en lugar de otra persona, o a través de la frase: "mejor que sea yo que tú". En todo este proceso, la enfermedad o los actos nocivos concretos a través de los cuales se expresa este amor son absolutamente secundarios: las dinámicas fundamentales son similares o idénticas, incluso en enfermedades o suertes diferentes.





La Gran Alma



Pero el alma también alcanza más allá de los límites de la familia y de la red familiar. Se encuentra en interacción con otros grupos y, finalmente, con la Naturaleza y con el mundo en su totalidad.



Aquí experimentamos al alma sin límites, como Gran Alma, sin ataduras de espacio ni de tiempo. En ella, todos los opuestos se hallan referidos unos a otros, quedando, por tanto, suprimidos; también los opuestos de bien y mal, de antes y después, de vida y muerte.



Bien el cuerpo alcanza hasta el Reino de los Muertos, porque en él los muertos están presentes a través de su influencia, y también la familia y la red familiar conservan la presencia de sus muertos, como si ambas partes, vivos y muertos, aún dependieran unos de otros, y como si el bien de unos dependiera también del bien de los otros. Para la Gran Alma, sin embargo, esta separación se borra en todos los aspectos: ella también une a aquéllos que tuvieron que ser excluidos de la familia; en ella, también éstos se vuelven a unir con su familia.



Ahora bien, en primer lugar experimentamos a la Gran Alma como fuerza que nos toma a su servicio para fines que van más allá de nuestras propias ideas y metas. Ella nos sostiene y nos dirige cuando logramos algo nuevo y grande y duradero, como si no fuéramos nosotros los que obramos, sino la Gran Alma, a través de nosotros. Lo mismo se aplica también al mal y a los malos, por muy difícil que nos resulte llegar a esta comprensión.





La paz



Sólo la unión con la Gran Alma nos permite mirar libremente y sin prejuicios a las implicaciones, superándolas a través de la orientación hacia lo más grande.



Frecuentemente podemos observar que pacientes que lograron dar un primer paso para salir de sus implicaciones, al cabo de un tiempo vuelven a caer en ellas. La razón se halla en que las implicaciones sistémicas, por muy graves que puedan parecer para personas ajenas, a la persona afectada le dan la sensación de pertenencia, de amor y de poder: la conciencia, aún donde nos asalta ciega e impulsivamente, nos confiere una sensación infantil de plenitud y de felicidad, de paz y de estar acogido.



Sólo extendiendo el esclarecimiento también a la conciencia, desprendiéndonos de ella para avanzar hacia el ámbito de la Gran Alma, las necesidades impulsivas de pertenencia, de reconocimiento y de compensación son despojadas de sus efectos enfermizos y amenazantes para la vida. Tan sólo a este nivel superior el amor que ciega cobra clarividencia; la compensación que únicamente perpetúa la fatalidad se convierte en compensación que pone fin a la fatalidad; y la arrogancia convencida de que podría deshacer y cambiar los destinos de otras personas, cede a la humildad, consciente de los límites de nuestro amor.



Es tan sólo esta humildad la que nos pone en armonía con la salud y la enfermedad, con el bien y el mal, con la vida y la muerte.



En último término, sin embargo, se trata de un acto religioso: en él, yo y Gran Alma se hacen uno.



Traducción: Sylvia Gómez Pedra